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¿Quieres escribir y aún no lo intentas? 5 tips de J.K. Rowling que te inspirarán

En este momento, seguramente hay millones de personas en el mundo con alguna idea genial para una historia y un sueño no confesado de escribirla y verla publicada. Si estás leyendo esto probablemente también tengas esa inquietud, así que ya sabes que no eres extraño, hay otros como tú. Hay otra gran similitud entre esas millones de personas y tú: quieres escribir y aún no lo intentas.

Las causas pueden ser tantas que quizá nunca logremos nombrarlas todas: falta de tiempo, falta de un lugar adecuado, poca confianza en tu manejo del lenguaje, saboteadores de oficio que te desaniman si lo quieres intentar, preocupaciones cotidianas que consideras más útiles que perder el tiempo tecleando palabras que no sabes dónde llegarán… En fin, podemos buscar y encontrar infinidad de razones para justificar nuestra inacción.

Imagen de Steve Johnson en Pixabay

Investigando sobre esas razones y cómo superarlas llegué a unas declaraciones de J. K. Rowling. He admirado a muchos escritores, pero hay una que me ha cautivado por algo que va más allá de sus libros: su historia personal. La vida de esta escritora —autora de la saga de Harry Potter, entre otros— me resulta inspiradora. Pero, ya va, este post no va de una novela sobre la vida de Rowling.

Tips de J.K. Rowling para inspirarte a escribir

Las veces que se le ha preguntado a J.K. Rowling sobre sus secretos para escribir y tener éxito al hacerlo, ella ha dejado claro que no tiene ninguno, que no posee una lista mágica secreta de consejos infalibles para escritores ni nada por el estilo. Ella insiste en que lo único que hizo (y le funcionó) fue escribir lo que quiso ignorando la opinión de quienes le decían que eso nunca iba a funcionar.

Para mí eso es un buen primer consejo, ¿o no?

La autora de uno de los libros más vendidos de la historia dice que aunque no exista una receta para escribir, sí cree que hay cinco cosas básicas que a ella le funcionaron y que quizá puedan inspirar a otros.

Así que si quieres escribir y aún no lo intentas, aquí voy con el top five de Rowling:

1-Leer: Sí, aunque se vea sencillo. Leer —y yo agrego: mucho— es el mejor entrenamiento para escribir. En palabras de Rowling: “no se puede ser un buen escritor si no eres un lector devoto”. ¿Leíste bien? Devoto. ¿Te imaginas ser un escritor y no amar la lectura? Yo no lo concibo. Leer te muestra mil y una formas de contar una idea, te ofrece inspiración, muchas veces entiendes cómo no hacerlo (porque seguramente leerás también textos no tan buenos). Aunque creas que al leer corres el riesgo de imitar a tu autor favorito, con la práctica encontrarás tu forma particular de expresarte.

2- Valor: Debes tener el valor de superar el miedo a fracasar en lo que deseas hacer. Muchas veces, el miedo a lo que pueda pasar hace que desperdiciemos muchas oportunidades de sentirnos satisfechos con nosotros mismos. Escribe lo que siempre has deseado escribir. Peor que sucumbir al miedo de hacerlo es arrepentirte por no haberlo hecho.

3- Disciplina: Tal vez tengas la imagen idealizada de un escritor arrobado por la inspiración tecleando desaforadamente hasta lograr llenar quinientas páginas de una obra perfecta. Pues no, no funciona así. Escribir es un trabajo, un esfuerzo consciente, una decisión personal. Si te dedicas disciplinadamente unos minutos al día a escribir —aunque la inspiración esté de vacaciones— con el tiempo puedes sorprendente cuando veas cuánto has avanzado en el desarrollo de esa historia que tenías en mente. Imagínate lo que ocurriría si en esos minutos que te sientas disciplinadamente a escribir te visita la inspiración: ¡lo máximo!

4- Resiliencia y humildad: Humildad para aguantar las críticas y comentarios negativos (que nunca faltarán), y la resiliencia para levantarte y seguir con más fuerzas que antes. ¿Sencillo? No, claro que no, pero sería bueno intentarlo. La idea de escribir es ver algún día tu trabajo publicado, y cuando eso pase te enfrentarás a los gustos disímiles de las personas. Algunas amarán lo que escribiste, otras no tendrán piedad en despedazar tu escrito.. y a ti. A eso súmale los rechazos que seguramente enfrentarás al enviar tu manuscrito a la consideración de alguna editorial. Anótalo por allí para que no se te olvide: humildad y resiliencia.

5- Independencia: Escribe lo que quieres y cómo tú quieres. Si quieres escribir y aún no lo intentas decídete a hacerlo, pero a tu manera. En este consejo, Rowling dice que evitemos sentirnos presionados por quienes pretenden tener la receta perfecta para escribir, pues esta no existe, ni para escribir un bestseller, ni para garantizar que te publiquen tu manuscrito, ni para hacerse millonario escribiendo…

“Tanto en la escritura como en la vida, tu trabajo es hacer lo mejor que puedas, superar tus propias limitaciones, aprender todo lo que puedas y aceptar que las obras de arte perfectas son tan solo un poco menos raras que los seres humanos perfectos”. J. K. Rowling

Me encantaría que me contaras por qué no has intentado escribir aunque desees hacerlo. Puedes hacerlo aquí o en Instagram. Tal vez en otro post pueda hacer una recopilación de razones por las que nos ponemos tantos frenos a la hora de decidir sentarnos a escribir.

Gracias por leerme.

 


Niños y cuarentena: escribir para expresarse en tiempos de coronavirus

Menudo 2020 nos ha tocado. En el momento en el que escribo esto estamos encerrados. Gran parte del planeta está en cuarentena. Quienes no están en cuarentena total, son advertidos de que lo mejor es estar encerrados en casa y salir lo menos posible para evitar que siga multiplicándose el contagio del coronavirus  SARS-CoV-2. 

Nunca me hubiera imaginado experimentar lo que estamos viviendo. He leído muchos libros en mi vida, muchos de ellos de terror, de suspenso, de apocalipsis, pero ninguno me hizo pensar que nada de lo que leía sería posible. Y míranos hoy, encerrados, enmascarados, con una incertidumbre total, pues no sabemos cómo ni cuando terminará esto, ni cuándo será posible volver a lo que hasta hace unos meses era una vida normal.

Si para los adultos la situación es difícil, no quiero imaginarme ser un niño en cuarentena. Cuántas cosas pasarán por sus cabezas al ver cómo su mundo cambió de un momento a otro, y al observar a sus padres preocupados y ansiosos. Ellos, que son su apoyo, parecen necesitar quien los apoye.

Imagen de Med Ahabchane en Pixabay

Los niños saben que algo pasa, y que no es bueno. Ante este panorama lo primero que pensamos es en llenarlos de actividades para que se entretengan y no darles tiempo —ilusos adultos que creemos eso— de pensar y preocuparse. Es lo lógico, yo también lo haría. Pero… ¿y si dentro de toda esa vorágine de ocupaciones les damos un espacio para expresarse? ¿Y si les permitimos a través de la creatividad y la escritura sacar sus emociones y convertirlas en relatos, historias, cuentos…?

Para mí escribir siempre ha sido terapéutico. En los momentos más oscuros las letras me mostraron nuevos escenarios menos lúgubres. Yo escribo desde que tengo uso de razón. Cuando escribo, siento que todo es posible. Ese rato poniendo orden en las palabras que se agolpan en mi cabeza se convierte en un rato de paz dentro de lo que pueda estar ocurriendo en ese momento.

Cualquier cosa que escribamos es una forma de expresar lo que tenemos dentro; de reconocer emociones que quizá no sabíamos que sentíamos. ¿Te imaginas darle a tu hijo/a esa oportunidad de usar las palabras para darle un poco de orden a ese mundo que parece estar desmoronándose afuera?

Hace algunos años creé un taller vacacional en línea para niños. Se llamó Redacción divertida. Las circunstancias actuales me llevan a retomarlo y convertirlo en un juego-taller que sea una alternativa a la conexión eterna a Internet y toda la información que pueden encontrar nuestros niños allí o a las largas horas de videojuegos que estoy segura es una constante en muchos hogares.

Si deseas más información sobre este juego-taller, costo, duración, etc., escríbeme a carolinagonzalezarias@gmail.com o a redacciondivertida@gmail.com.


Del “palillo eléctrico” al coronavirus: el gran poder de la palabra

Palillo eléctrico. Esa era la frase clave para desatar un coro de risas y cantos basados en mi aspecto cuando era niña. Y es que en realidad parecía un palillo eléctrico. Era muy flaca y siempre estaba en movimiento. Bastaba que uno de mis compañeros en medio de su aburrimiento me viera pasar y dijera “palillo eléctrico” para que se le uniera el resto y se convirtiera en un pequeño concierto en el aula.

Quiero dejar claro que a pesar de eso, nunca me sentí agredida por mis compañeros de curso (los quiero mucho, amigos). Nunca pasó mayor cosa, ni me traumaticé (pero estemos claros en que los tiempos actuales ya eso no es lo usual). Quizá no me vi afectada porque mis padres me incentivaron a tener una autoestima sana y me enseñaron a entender que esa clase de cosas no tenían que ver con algo malo en mí, sino con algo que sucedía en los demás (yo creo que era aburrimiento).

Palillo eléctrico

El haberte aburrido con esta pequeña anécdota personal es para poner en claro el poder que tiene una palabra o una frase para promover o exacerbar sentimientos que podemos tener en nuestro subconsciente y generar acciones que, lamentablemente, muchas veces son poco positivas.

Hace poco leía un post en Instagram acerca de la necesidad de llamar “virus chino” al coronavirus o covid-19 porque “los chinos lo ocultaron y son los culpables de todo esto”. Yo le planteaba que no era el momento para promover odios inútiles, pero como respuesta obtuve que eso no era una ofensa porque “eran culpables”.

¿Por qué creo que no debemos apoyar el darle una nacionalidad al coronavirus?

Aunque supuestamente estamos en la Era de Acuario cuando la hermandad, la armonía y el entendimiento debieran florecer, la realidad es que vivimos tiempos de pieles sensibles, de odios fáciles, de violencia inusitada como respuesta a cualquier “quítame esta pajita”. ¿El detonante más básico que existe? La palabra.

Miles de personas en redes sociales se han dado a la tarea de convertir en tendencia la etiqueta “virus chino”, en la creencia de que esa es la forma de lograr justicia y compensación por “lo que nos hicieron los chinos”. Armaron una cruzada absurda que no solo no va a lograr ningún tipo de justicia, sino que puede convertirse en un bumerán que golpee a quien menos se lo espera.

La palabra es el instrumento más poderoso con el que cuenta el ser humano, y por ello saber usarla es vital. En mi opinión, una simple acción como llamar al corona virus con ese sobrenombre lo que logra es exacerbar sentimientos de impotencia y resentimiento que mucha gente lleva dentro, quizá por cosas totalmente ajenas a la pandemia actual. Por eso, no creo que sea oportuno usar un arma tan poderosa como la palabra para promover esa clase de sentimientos que en los tiempos que corren escalan rápidamente al odio y la violencia.

Un hilo en Twitter de @manuelgo me hizo recordar los episodios absurdos de violencia y discriminación que surgieron en los años 80 cuando al VIH se le denominó “cáncer gay”. Hoy, no han sido pocos los casos a nivel mundial de violencia hacia personas simplemente por ser o parecer asiáticas. Uno de ellos es mi compatriota Maisong Lee (@maisongtv), quien por el simple hecho de ser de ascendencia coreana ha sido insultado en las redes con las palabras más hirientes y asquerosas que he visto. Ante esto Maisong ha retomado la etiqueta #nosoyunvirus que fue tendencia en enero de 2020.

Así como al surgir la frase “palillo eléctrico” en mi salón rápidamente se iban uniendo mis compañeros al coro, hoy en día lanzar una frase como esa es como una chispa en una caja de fósforos.

Si los que se han dado a la tarea de multiplicar esa etiqueta se ocuparan de pensar cinco minutos antes de teclear, se darían cuenta de lo absurda que es la bendita frase. No son “los chinos” los culpables de esta pandemia. Fue un gobierno, una dictadura comunista la que decidió y actuó de la manera que lo hizo. Al decir “virus chino” no vas a hacer que la justicia divina caiga sobre los miembros de ese gobierno, sino que vas a perjudicar a personas inocentes (quizá hasta amigos tuyos) que nada tienen que ver con virus ni experimentos maquiavélicos.

Sin duda, todos esperamos que una vez que superemos esta pandemia, exista una investigación por entes internacionales que ofrezca claridad sobre lo sucedido, y se sancione a quien se tenga que sancionar.

Soy una apasionada del uso de la palabra. Pienso que no hemos dimensionado el poder que tenemos en nuestras teclas. Lo ético y moral es aprender a usarlo sin causar perjuicios a los demás. Como dijo Franklin D. Roosevelt (y luego Ben, el tío de Peter Parker): “Un gran poder implica una gran responsabilidad”.

P.D.: si en este punto lo único que te provoca contestarme es: “bueno, ese virus salió de China, entonces, es chino, y viruschino se queda”, no logré explicarme bien. Lamento que no hayas podido captar el punto.

Gracias por haber llegado hasta aquí.

Imagen de Mohamed Hassan en Pixabay


Tolerancia lingüística: tarea pendiente para los migrantes venezolanos

Cuando yo era niña, mi mamá me pedía con frecuencia que fuera al supermercado. La primera vez que fui, me paré muy segura frente al dependiente, y le pedí un kilo de malanga y boniato. Él se quedó mirándome sin entender. Me pidió que le repitiera lo que quería, y le volví a decir “malanga y boniato, por favor”. Como no lograba comprender, me pidió que le señalara lo que estaba buscando. Miré las verduras y le señalé lo que quería. “Ahhh, quieres ocumo y batata”. Luego de preguntarme quiénes eran mis papás (porque vivíamos en el mismo barrio), entendió el motivo de la confusión idiomática. Mirando hacia atrás, veo que ese chico fue un buen ejemplo de tolerancia lingüística. De eso quiero conversar hoy.

Ese día comprendí por qué en casa mis padres llamaban a algo de una manera y la vecina de otro. Soy hija de inmigrantes cubanos. En casa se usaba un balde, en otras casas se usaba un tobo; yo colgaba mi ropa en percheros, y mis amigas lo hacían en ganchos; mi mamá preparaba fricasé de pollo, pero la vecina le llamaba carne guisada con papas. Ninguna estaba equivocada. Esa es la riqueza de nuestra lengua: es amplia, es rica, es hermosa.

Por lo que ha sido mi vida como hija de migrantes en cuanto al idioma (que siendo el mismo es a la vez diferente), creo que es necesario desarrollar y promover la tolerancia lingüística. Por ello, no puedo sino asombrarme ante los cientos de mensajes que veo en redes sociales de mis compatriotas venezolanos —a quienes las circunstancias terribles de nuestro país han obligado a migrar y buscar oportunidades en otras tierras— que se muestran intolerantes e inflexibles, paradójicamente, ante la gran flexibilidad y variedad de nuestra lengua española. Frases como “esto se llama así y punto”, “están equivocados, eso no se dice así”, entre muchas otras, me llenan de inquietud, porque no es así,  quizá en tu país o en tu región las cosas se llaman de determinada manera, pero no en todos lados es igual. La única verdad en este caso —de la que no podemos escapar— es que las cosas tienen diferentes nombres de acuerdo con el lugar donde estés, te guste o no.

Desarrollar la tolerancia lingüística

No hay nada más democrático que el idioma, y por eso no me explico que a veces —amparándonos en las diferencias en el habla de nuestras tierras hispanoamericanas— hagamos alarde de una intolerancia que no tiene justificación. El lenguaje es la herramienta que todos adquirimos desde niños para comprender nuestra realidad, relacionarnos con los demás y manejar la información. Pretender que otros hablen igual que nosotros; negar que sus modismos, localismos o regionalismos tienen la misma validez que los nuestros; burlarnos del habla de un país o región porque difiere de la nuestra niega la esencia misma del lenguaje y deja mucho que desear de quien así se comporta.

La intolerancia lingüística puede llevarnos a otros tipos de intolerancia mucho más graves. Quienes migramos y nos establecimos en nuevas tierras tenemos la obligación y el compromiso de respetar la cultura de esas tierras, y esto pasa indefectiblemente por respetar su lengua. El empeño sistemático en querer utilizar nuestros propios modismos por creer erróneamente que esta es la forma de poner en alto nuestra nacionalidad no es más que un elemento perturbador que crea barreras y malentendidos. Querer imponer nuestras costumbres en un país ajeno es una invasión, una falta de respeto.

Nútrete de todas las variantes del idioma que encuentres. Intégralas a tu propio lenguaje. Desarrollar la tolerancia lingüística no significará de ninguna manera que pierdas tu lengua ni que disminuya tu sentimiento hacia tu nacionalidad. Usa tus modismos sin imponerlos. Corrige si no eres entendido. Sé tolerante. Sé inteligente. Siéntete orgulloso de enriquecer tu forma de hablar. Este se convierte en el primer paso para integrarnos y convivir en armonía con quienes nos reciben en su casa grande.


Corrección de textos: taller mecánico para libros

Mi padre, entre muchos oficios que desempeñó en su vida, fue mecánico. Recuerdo verlo hurgando siempre bajo el capó abierto de algún carro. Si bien se especializaba en electricidad automotriz, para él los automóviles no tenían secretos. Si se movía bien entre cables, baterías y suiches, igual era un mago con cualquier problema del motor, dirección, cauchos, transmisión… y hasta carrocería. Yo me dedico a la corrección de textos, que en realidad es como tener un taller mecánico para libros. ¿Por qué? Ya te cuento.

Mi papá y los carros

En estos días, el ver mis trabajos pendientes en mi computadora me recordó el oficio de mi padre. Tenía tres libros en fila para ser revisados, como los carros estacionados en el taller de papá a la espera de que les subiera la cubierta del motor y comenzara su magia.

Como él, abrí el capó de cada uno, le eché una mirada al estado general; le di al suiche; escuché cómo sonaba el arranque de los que prendían; revisé un poco por qué no arrancaban bien algunos; busqué fallas por aquí y por allá; analicé las reparaciones que tendría que hacer, y agendé el tiempo que dedicaría a cada uno para entregarlo al cliente en el tiempo esperado.

En ese momento pensé: “esto de la corrección de textos es como tener un taller mecánico para libros”. Sé que puede sonar un poco loco (ok, sí, es un poco loco), pero si sigues leyendo seguro que me darás la razón.

Al taller mecánico llegan automóviles de todas las formas y marcas con las más diversas fallas. A mi correo de corrección de textos llegan manuscritos de diferentes géneros, unos largos, otros cortos, con variados asuntos que resolver. Como en el taller, los problemas pueden ir desde los muy graves como un motor fundido, hasta los más sencillos como un rayón en la carrocería.

Foto de gratisography en Pexels

Daños leves

A mi taller mecánico para libros llegan muchos textos que quieren ser publicados, y que para conseguirlo solo necesitan que ciertas fallas sean corregidas. Estas pueden ser faltas ortográficas repartidas en algunos párrafos; algún error de sintaxis en ciertas oraciones que con un pequeño cambio pueda subsanarse; una que otra palabra mal utilizada…

Son leves como puede ser una magulladura en el guardabarros; una raya en la carrocería; un faro roto; un cable haciendo mal contacto; un filtro que debe cambiarse… en fin, problemas no tan graves que —con un buen golpe de latonería de manos del experto y los repuestos en el lugar que corresponden— se subsanan con relativa facilidad.

Daños medios

También llegan textos con asuntos un poco más complicados de resolver. No tan graves como un motor fundido, pero que requieren más tiempo y cuidado que cambiar un foco. En estos casos, las fallas ortográficas pueden ser más importantes; los errores de sintaxis pueden hacer que el texto, por muy buena idea que tenga, sea difícil de entender para el que lo lea; puede haber problemas de coherencia de ideas o contradicciones temporales…

Son muchos los detalles que pueden encontrarse cuando llega un texto a mi taller mecánico para libros. Lo que sí es seguro es que, como mi padre hurgando bajo el capó del carro, utilizaré la herramienta adecuada para cada problema, y ajustaré cuántas tuercas y palabras sea necesario para que el resultado final nos llene de satisfacción tanto al autor como a esta humilde correctora.

Problemas graves

Un carro con el motor fundido es como un texto con una buena idea, pero que es incomprensible para el lector. En estos casos hay que rescatar las piezas que estén en buen estado; reparar aquellas que puedan ser rescatadas, y desechar las que no podrán ser usadas de ninguna manera.

Para quienes nos dedicamos a la corrección de libros, estos trabajos son retos sabrosos. Con ellos sacamos lo mejor de nosotros y de nuestros clientes. El resultado, por lo general es maravilloso. Sientes que a tu taller mecánico llegó un vehículo que alguien calificó como pérdida total, con un motor muerto y una carrocería muy estropeada, y lograste convertirlo en un objeto hermoso y útil.

El texto sin motor

A veces alguien llega al taller y me dice que tiene una carrocería intacta, hermosa, con un interior de muy buenos acabados; asientos forrados con buen material, cómodos, reclinables; guantera amplia; tablero impecable; alfombras como nuevas; vidrios intactos… pero le falta el motor.

Aquí te perdiste un poco, ¿verdad?

Bueno, es que muchas veces las personas tienen excelentes ideas para un libro, saben cómo sería cada capítulo, qué debiera decir cada uno, pero no saben escribirlo.

En estos casos, me pongo mi braga y me dedico a armar el libro pieza por pieza. Pienso en las palabras y frases adecuadas a la idea de mi cliente y le voy dando forma al libro que tenían en mente. Esto se llama escritura fantasma. Si al finalizar veo a mi cliente montarse en su vehículo y esbozar una sonrisa, me doy por satisfecha.

Cuando veo uno de los libros que he corregido a la venta o en manos de alguien que lo lee, siento una alegría inmensa, así como cuando veo a mis sobrinos triunfar en la vida (digo mis sobrinos, porque la comparación con mis hijos es para los libros que he escrito yo).

¿Necesitas corrección de textos?

No es fácil asumir que es necesario entregar el texto —que escribiste con tanto amor— a un extraño para que lo corrija, pero siempre (léase siempre) es indispensable la intervención del corrector para garantizar la calidad del texto.

Por muy leves que creas que puedan ser los problemas de tu manuscrito, igual necesitan del ojo y la mano experta del conocedor. Hay errores tan comunes que seguramente no les prestes atención y los dejarás pasar. Por eso es necesario el trabajo de un corrector de textos. No permitas que cualquiera le meta la mano a tu vehículo solo porque crees que “lo que tiene es una tontería”. Si llevas tu libro a un taller mecánico inexperto (o más barato) lo más probable es que no recibas un servicio de calidad. Un pequeño rayón en la carrocería en manos de un latonero barato y sin experiencia puede convertir el detalle en un problema mayor. Unos problemas sencillos de ortografía, sintaxis o vocabulario mal atendidos pueden resultar en un libro desastroso.

¿Tienes algún texto que quieras publicar? Cuéntame.

Gracias por leerme.


2 herramientas indispensables del community manager: ortografía y buena redacción

Cuando la voz de su jefe se escuchó en todos los cubículos de la oficina, el community manager no prestó mucha atención. Pensó: «alguien metió la pata», y siguió trabajando en lo suyo… hasta que el hombre moduló su nombre. Sentado frente a quien lo había contratado, sintió un bombazo que no esperaba: «¿por qué no me dijo que no manejaba bien la ortografía y la redacción?». El community no entendía, y solo atinó a decir: «usted no me preguntó».

Ciertamente, dos semanas atrás nuestro amigo había respondido a un aviso de empleo. “Sé manejar redes; sé de informes de métricas; sé utilizar Photoshop; manejo el WordPress… sí, voy a postular”. Postuló. Lo entrevistaron. Lo contrataron… pero nadie, incluso su actual jefe, le había dado importancia a la herramienta indispensable de todo community manager: el lenguaje.

¿Qué pasó? Nuestro amigo cometió un error ortográfico en una publicación de un cliente de la empresa. Lo que pudo ser un generador de comentarios positivos y de un número importante de conversiones se transformó en tendencia, pero por la cantidad de comentarios, retuits, reposteos enfocados en el error, y en lo absurdo que era que una empresa de ese calibre no tuviera a alguien que supervisara lo que se publicaba. En fin, obtuvieron una presencia brutal en las redes, pero por el motivo equivocado. ¿Conversiones? Mmmmm, no. ¿Todavía están tratando de remontar el episodio? Sí.

No hay errores pequeños cuando se trata de ortografía y redacción. Imagen de mohamed Hassan en Pixabay

¿Community managers con faltas de ortografía y redacción? Más de los que quisiéramos

El caso del relato, lamentablemente, no es una situación aislada. Las fallas de ortografía y redacción están a la orden del día, tanto en el mundo virtual como en el tangible. Quizá le damos menos importancia cuando son mensajes personales (no en mi opinión, por cierto), pero cuando leemos publicaciones de marcas importantes —que usualmente tienen un departamento dedicado a esa tarea— con errores ortográficos o una sintaxis que deja que desear, sabemos que afectará indefectiblemente a la imagen de esa empresa o marca en particular.

La falta de preparación en materia de redacción; la inmediatez con la que suceden las cosas;  el no revisar las publicaciones antes de que salgan a la luz, hacen que miles de errores aparezcan en muros, líneas de tiempo, tuits, estados, volantes, publicidad, etc., y como un bumerán golpeen de vuelta al community y a la reputación de su cliente.

¿Hay solución? Sí, ampliar la mirada y entender lo que nunca ha debido obviarse: el trabajo de un community manager, de un especialista en marketing digital, de un redactor de contenido SEO, de un curador de contenidos (son muchos para listarlos todos acá)… no está completo sin el manejo adecuado de la herramienta indispensable para todo el quehacer comunicacional que es el lenguaje.

Que nunca falten tus herramientas principales: ortografía y buena redacción. Imagen de Serena Wong en Pixabay 

¿Qué hacer una vez que entendemos la importancia de la ortografía y redacción para el community manager?

Primero, asumir que el trabajo va más allá de darle a un botoncito y subir publicaciones a Instagram, Facebook, blogs, Twitter, páginas web… y revisar los numeritos. En esta actividad tanto la forma como el fondo deben ser impecables.  El inicio de todo, la base de un buen trabajo, es el respeto tanto a las normas del idioma como al público que va a recibir los mensajes. Sí, puede ser duro que te lo diga, pero cuando escribimos con fallas de ortografía y redacción, le faltamos el respeto a quien recibe nuestras publicaciones. Nuestros errores en algo tan básico como el manejo de la lengua que hablamos denotan una falta de cuidado, poco profesionalismo y desinterés por nuestro público objetivo.

Así como nos preocupamos por tener un CV impresionante en cada función nueva que se pueda ejercer, es necesario mejorar cada día en el manejo de nuestra lengua. No solo redundará en beneficio de cualquier trabajo que realicemos, sino para comunicarnos mejor en nuestra vida cotidiana.

En el caso de marcas que gestionan sus propias cuentas, de firmas que se encargan de manejar dichas cuentas, o de personas que manejan sus blogs y páginas web, siempre existe la opción de dejar la supervisión final de los mensajes a personas que se dedican a la corrección y edición de textos. Más vale una revisión a tiempo que tratar de atajar un gazapo en internet. Click To Tweet

¿Eres community manager y has conocido de una situación parecida a la de nuestro amigo del relato?  ¿Has visto algún error en alguna cuenta en las redes sociales que te haya llamado la atención? Cuéntame aquí en los comentarios.

Gracias por leerme.


No es detrás tuyo, es detrás de ti. Errores comunes que podemos evitar

Como parte de mi trabajo diario, me encuentro con infinidad de errores de las más variadas formas y tamaños. Desde fallas de acentuación, equivocaciones ortográficas, mal uso de algunas palabras, hasta problemas para escribir ideas que sean comprendidas por el lector. Son errores comunes que de tanto verlos olvidamos que son errores

Hoy me voy a detener en uno de esos errores que comencé a notar como algo esporádico; algo que leía alguna vez por aquí y escuchaba alguna vez por allá, pero que de un tiempo a esta parte observo como una constante en el lenguaje, tanto escrito como oral.

Cada vez que lo leo o lo escucho, me entra un escalofrío desagradable que recorre toda mi columna vertebral, llega a mi cerebro y hace ¡boooooom! Trato de no desesperarme, respiro, me calmo, pero la paz dura poco, porque a los pocos segundos ¡booooom!, lo vuelvo a escuchar.

¿Cuál es ese error?

Tranquilos, que a eso vengo.

Desecha el detrás tuyo y el cerca mío, siempre es detrás de ti y cerca de mí

Lo que me trastoca el ánimo de esta manera es la costumbre que ha tomado mucha gente de decir “detrás mío”, “detrás tuyo”, “detrás nuestro”, “cerca mío”, “cerca tuyo”, “delante mío”, “delante tuyo”, “enfrente suyo”, “enfrente nuestro”, “debajo suyo”. En fin, todas las combinaciones de estos adverbios: cerca, detrás, delante, debajo, dentro, encima, enfrente, con adjetivos posesivos que no deben ir nunca con ellos.

Puedes ver la explicación de la RAE aquí, pero te adelanto esto: mío, tuyo, suyo, nuestro son adjetivos posesivos. Los adjetivos modifican a los sustantivos. No modifican a los adverbios, y como te dije en el párrafo anterior, cerca, detrás, delante, debajo, dentro, encima y enfrente son adverbios. Es decir, no deben ir seguidos de adjetivos posesivos, porque estos no los modifican.

Fíjate en esta oración: Estoy en el automóvil de Pedro.

Tenemos que “automóvil” es un sustantivo. Te acuerdas de eso, ¿cierto? Yo sé que sí te acuerdas. Bueno, como “automóvil” es un sustantivo, puedo modificarlo con un adjetivo posesivo que sustituya a “de Pedro”. Entonces, puedo decir: Estoy en el automóvil suyo. Ahora, cambiamos de lugar el adjetivo posesivo y lo ponemos antes de “automóvil”: estoy en su automóvil. Sigue teniendo sentido la oración, ¿verdad? Hasta aquí todos felices.

Ahora ve esta oración: Estoy detrás de Pedro.

Tenemos que “detrás” es un adverbio. Si intento modificarlo con un adjetivo posesivo que sustituya a “de Pedro” (lo cual ya sabes que está mal), quedaría: estoy detrás suyo. Ahora, cambiamos el adjetivo posesivo de lugar, y lo anteponemos a “detrás”: estoy en su detrás. ¿Verdad que no suena bien? Claro, que no, porque no está bien.

Aléjate de esos errores comunes, y hazle un cariñito al idioma

Si todavía tienes la duda de por qué está mal decir “delante mío”, “detrás tuyo”, “enfrente suyo”, etc., prueba a anteponer el posesivo al adverbio, y te darás cuenta enseguida.

Vamos… hazlo…

Error

Fíjate lo que ocurre si antepones el adjetivo

Correcto

Detrás mío

En mi detrás

Detrás de mí

Detrás suyo

En su detrás

Detrás de él/ella

Delante mío

En mi delante

Delante de mí

Delante tuyo

En tu delante

Delante de ti

Cerca tuyo

En tu cerca

Cerca de ti

Dentro mío

En tu dentro

Dentro de mí

¿Ves qué horrible se ven y suenan las frases en rojo?

Suenan mal porque están erradas.

Solo hay que tener un poquito de cuidado, sentido común… y ponerle atención y cariño a las normas de nuestro idioma. Si eres de los que dice o escribe “detrás tuyo”, por favor, trata de dejar este error detrás de ti.

¿Cometes alguno de esos errores comunes, y no te habías dado cuenta? Me gustaría leerte.


Haz o has. ¿Cómo se escribe? ¿Con s o con z?

Yo he visto muchos dilemas, pero el que se presenta con estas dos palabras es de antología. Es increíble cómo estos vocablos tan pequeños pueden causar tal confusión en tanta gente. Y ya en esta línea me estarás diciendo: «vale, vale, dime de una vez, ¿es haz o has?, por fin, ¿cómo se escribe? ¿Con z o con s?».

Entonces, ¿es haz o has?

Bueno, vamos al grano. La cuestión no es tan difícil como una de las misiones imposibles de Ethan Hunt. Solo tenemos que recordar unos detalles sencillos para que no se nos olvide cuándo es haz y cuándo es has.
En principio, debemos tener claro que haz y has son conjugaciones de dos verbos diferentes. Haz viene del verbo hacer, y has del verbo haber.

¿Cuándo escribir has con s?

Has se escribe con s cuando utilizas haber como auxiliar para formar el tiempo compuesto de los verbos. Particularmente, en modo indicativo, segunda persona, pretérito perfecto (antepresente). ¿Complicado? Tal vez te pueda sonar así, pero cuando veas algunos ejemplos, será más sencillo asimilarlo.
Aquí van:

  • Tú te has ido para la playa.
  • Has hecho mal la tarea.
  • ¿Qué has dicho?
  • Pedro, ¿has ordenado la pizza?
  • Te has puesto un vestido.
  • Has escrito un bonito cuento.

Como ves, cuando has es del verbo haber siempre va seguido de un verbo en participio (cantado, comido, reído, hecho, escrito, dicho…). Esa es una clave fácil de recordar, ¿no?

¿Cuándo escribir haz con z?

Haz se escribe con z cuando estás utilizándolo como el imperativo del verbo hacer, segunda persona. Lo usas cuando le ordenas o le exiges algo a alguien. No hay otra opción, no hay otro lugar donde poner ese haz con z. (Bueno, sí hay otra, pero te la digo al final*).
Mira estos ejemplos:

  • Hijo, haz las tareas.
  • María, haz tus deberes ahora mismo.
  • Haz lo que te han ordenado.
  • Si quieres modelar tu cuerpo, haz ejercicios.
  • Hazlo porque quieres hacerlo.

Si te parecen algo fuertes, es porque así es el modo imperativo, sirve para dar órdenes. Esta es otra clave, fácil de recordar: si estás ordenando o exigiendo algo, ese haz es con z.
Realmente no tiene mucha ciencia decidir si es haz o has. Solo hay que estar claros en saber si estamos utilizando el verbo haber o el verbo hacer. Haz es de hacer, y has es de haber.

*La única otra ocasión en la que puedes utilizar haz con z es cuando lo usas como sustantivo. Para saber su definición ve a este enlace.

haz o has

un haz de luz

Espero que esta entrada te haya servido para aclarar tus dudas sobre haz y has. Ojalá la próxima vez no tardes mucho en saber si lo que quieres escribir es has con s o haz con z.

Si has prestado atención, haz lo posible por recordar este post cuando comiences a preguntarte: ¿Cómo se escribe? ¿Haz o has? ¿Con s o con z?

Saludos, y gracias por la visita.


Nativos e inmigrantes digitales: la palabra escrita como factor común

Hace poco he caído en la cuenta de que soy una inmigrante digital. Había escuchado el concepto nativo digital, pero realmente no me había detenido en ello. Resulta que aquellos que nacimos entre 1940 y 1980 estamos en ese grupo que tuvo la suerte de ser testigos en primera fila de los avances tecnológicos conseguidos desde aquella mitad del siglo XX hasta hoy. Ni qué decir que hemos tenido que estudiar y practicar bastante para adaptarnos a ellos y utilizarlos con éxito.

Creo que somos privilegiados que tuvimos la fortuna de ir de menos a más en todos los campos. Quienes hemos hecho de la palabra escrita nuestra vida pasamos de pesadas máquinas de escribir (adorables, por demás) a máquinas eléctricas. Luego las electrónicas, el procesador de textos y hoy tenemos pantallas en las que escribimos sobre teclados virtuales.

Quienes trabajamos con la información pasamos de consultar en bibliotecas para buscar datos y guardar recortes y copias de aquello que podíamos necesitar en algún momento, a tener a un clic de distancia todo el conocimiento del universo.

La palabra escrita une dos mundos

Una de las cosas que más me ha cautivado al ser testigo de estos avances es la aparición de nuevos medios y formas de presentar la información.  Sobre todo, ya que soy amante de la lengua escrita, es que esta tiene hoy, más que nunca, una hiperpresencia en todo este nuevo panorama. Tanta que a través de nuestros teclados suplantamos la lengua oral cuando nos ponemos a chatear.

Por eso cuando alguien me dice que la tecnología ha hecho que se pierda la necesidad de escribir correctamente, que ha cambiado el idioma y sus reglas, yo digo un no rotundo y gigante. Creo que más allá de esa división entre dos generaciones marcadas por la tecnología, la palabra escrita es un eslabón que hace esa brecha un poco más estrecha.

Una gramática cibernética

Hace unos años escribí un artículo llamado La gramática en la era digital  en el que planteaba que a pesar de todos el desarrollo tecnológico, el uso correcto de la palabra escrita y el respeto a las normas que la rigen seguirá siendo siempre un factor clave para el entendimiento y para evitar “equívocos molestos que puedan causar males de envergadura”.

Así como en el lenguaje informático, base del mundo digital, es importante el orden de las líneas de comando para el buen funcionamiento del sistema, en el uso de nuestro idioma opera igual. Seguimos las normas para que todo funcione, para que nos entendamos.

código html

Seguir las normas es básico para el funcionamiento de cualquier lenguaje.

Los 0 y los 1 del código binario deben saber usarse para que un sistema informático cumpla sus objetivos. Los  símbolos <, /, > deben utilizarse de cierta manera para que una página web tenga determinada estructura. Los elementos del lenguaje escrito también deben ser utilizados con precisión para cumplir su objetivo de comunicación.

Dos mundos, un solo código

Tanto si somos nativos o inmigrantes digitales nuestra inmersión en este mundo virtual tiene como base la capacidad para leer y escribir… y el hacerlo correctamente. En este sentido, ambos grupos, los que vivimos el paso a paso del progreso tecnológico y quienes nacieron dentro de él, necesitamos manejar ambos códigos y hacerlo bien si queremos tener éxito y funcionar con eficacia en esta cultura cibernética.

Una respuesta mal escrita a un posible cliente, sea de un nativo o de un inmigrante digital, influirá sobre la decisión que aquel tome . Un post en un blog, escrito por un nativo o un inmigrante, igual generará una determinada imagen en el visitante dependiendo de cómo fue escrito.

Como dije en aquel artículo que escribí en el 2012, sigo sosteniendo que “sea en la era del papiro, del papel o de la tablet, la gramática importará siempre. Una mala idea seguirá siendo mala aunque esté bien escrita, pero una mala redacción puede destrozar a la mejor de las ocurrencias”.

Una mala idea seguirá siendo mala aunque esté bien escrita, pero una mala redacción puede destrozar a la mejor… Click To Tweet

Y tú, ¿eres nativo o inmigrante digital? ¿Cómo ves el manejo de nuestro idioma en este mundo virtual? Tus comentarios son bienvenidos.

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Nos vemos.


¿Por qué escribir bien en Internet? Hay millones de razones para hacerlo

Si de los casi cuatro mil millones de personas que usamos Internet (según We are social 2017 más de la mitad de la población mundial está conectada), un buen número estamos usando las teclas para comunicar algo con palabras, creo que es bueno que nos planteemos la importancia de escribir bien en este vasto mundo virtual, ¿no te parece?

¿Qué hacemos en la red?

Gran parte de nuestro tiempo estamos expresándonos a través de la palabra escrita. Solo veamos el tiempo que pasamos escribiendo en la red. De esos miles de millones de personas que están en línea, piensa en cuántas están:

• actualizando sus estados en las redes sociales;
• chateando;
•redactando un artículo para su blog (como yo);
• escribiendo correos electrónicos.
• subiendo páginas web a la red…

¿Cuántos estamos escribiendo en Internet?

Worldometer (un sitio de estadísticas en tiempo real) dice que en el momento en el que estoy redactando este post, el panorama es el siguiente:

• Hay 3.438.470 personas haciendo lo mismo que yo (o sea, escribiendo un artículo para un blog).
• Se están enviando 457.900.400 tuits.
• Se están mandando 161.933.476.923 correos electrónicos.
• Se están realizando 3.692.651.904 búsquedas en Google.

De acuerdo a cifras de Latamclick cada día se envían más de 42 mil millones de mensajes a través de Whatsapp. No tengo cifras de cuántas personas estarán actualizando sus estados en sus redes sociales, pero seguramente serán muchas, ¿verdad? Todas estas son actividades que implican el uso de la palabra escrita.

 ¿Por qué es importante escribir bien?

Al ver estas cifras, no sería muy traído de los cabellos pensar que, por lo menos en la red, nos mostramos ante los demás a través de lo que escribimos, ¿no crees? Y, si no me equivoco, la mayoría de los mortales queremos mostrar lo mejor de nosotros.

Entonces, creo yo, escribir bien se convierte en prioridad si queremos tener una buena imagen en esta época signada por el mensaje instantáneo, el post, el tuit y el estado de Facebook. Escribir bien es lo que nos diferencia dentro de esta cantidad de información.

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En la red somos lo que escribimos

Nueva casa para Del buen escribir

Con ese panorama en mente, comencé este blog hace siete años. Ponerle el nombre me llevó algunos días. Tenía que ser algo sencillo, corto y que encerrara la idea por la cual nacía. Me pregunté: “¿sobre qué quieres escribir, Carolina?”. Y me contesté: “sobre escribir bien…no, no, no… sobre el buen escribir”. Y de ahí salió Del buen escribir.

Hoy Del buen escribir tiene nueva casa. (Los artículos anteriores podrás visitarlos en este enlace). Seguiré escribiendo sobre el buen uso del idioma español; continuaré dándote tips para hacerlo mejor, y daré explicación a dudas que seguramente tendrás sobre estos temas.

Si quieres escribir bien en este mundo virtual (o en el real, que creo que es muy importante), mantente en contacto. En esta nueva etapa te ofreceré regalos para que escribas mejor y, por ende, tengas una mejor imagen en la red.

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Nos vemos en el próximo post.